31 diciembre, 2009

PULSAR SOBRE LA FOTO...

UNIVERSIDAD. Este proyecto clave para las Cuencas permanece, entre incumplimientos y retrasos, a la sombra del resto de centros universitarios.

Imagínese que a usted le ponen encima de la mesa más de 130 millones de euros y el apoyo de sus gobiernos central y regional para el impulso de un proyecto académico que, para su desarrollo, cuenta como embrión con una Escuela Universitaria, con una larga tradición en Asturias, más de 150 años de actividad, y amplios respaldos por parte de los agentes sociales y de la población en la que se desarrolla. El proyecto se presenta como ambicioso, como refuerzo inversor y de contenidos para una institución como la Universidad de Oviedo, y como reactivador, pues se localiza en una zona que precisa un cambio estructural y socioeconómico, y así lo visualiza la ciudadanía. Pero los años pasan y a base de ineficacias, continuas faltas de voluntad y promesas incumplidas, de absurdas peleas localistas, de cerrazones, de lucha de intereses? acaba, primero, por desilusionar y más tarde por fracasar.
Efectivamente, hablo del campus de Mieres, tal vez el proyecto que más ilusión despertó cuando se presentó en 1997 como una de las iniciativas estrella del plan económico de compensación a la dura reconversión vivida por el sector minero en Asturias. Por esa razón, nuestro sindicato, con su secretario general a la cabeza, apostó decididamente por dotar a esta actuación de una financiación hasta entonces sin parangón en cuanto a un equipamiento formativo se trataba en las comarcas mineras. E incluso el rector al que correspondió acompañar el proyecto, el ya fallecido Julio Rodríguez, se volcó con la propuesta, consciente de lo mucho que esos 130 millones significaban para la modernización de la Universidad de Oviedo y los retos que esta institución tendría que afrontar en el siglo XXI, en un mundo más competitivo, tecnológico y globalizado. Retos en una Asturias afectada en todos sus sectores productivos tradicionales, necesitado de diversificación e impulso emprendedor y con una sociedad envejecida, factores que sin duda influyen en las aulas.
El campus fue para adelante por el empeño de los sindicatos mineros. De hecho, 11 años después de que se pusiera la primera piedra de un edificio científico tecnológico que costó a las arcas de los fondos mineros más de 42 millones de euros, se ha convertido para muchos en un símbolo: un centro universitario emergido de la conquista social de los trabajadores mineros, enraizado sobre el suelo de una emblemática instalación carbonera de Asturias, el pozu Barredo. Y digo para muchos, porque para otros, el campus de Mieres sigue siendo, lamentablemente, una infraestructura invisible, una herramienta de lujo, casi en desuso. Un complejo universitario que entienden como un capricho de los mineros, de los mierenses, de aquellos que creemos en una Asturias más cosmopolita, metropolitana, moderna, donde las comarcas mineras deben jugar un papel fundamental en la actividad social, cultural y económica de la región. Una extravagancia improvisada. Un antojo para romper desde el corazón de las Cuencas esa dualidad Oviedo-Gijón en la que algunos se empeñan.
Con el tiempo vemos cómo las expectativas se han ido frustrando una a una: desde la misma concepción incluso del edificio central, que parece inspirado en uno de aquellos mastodónticos macroedificios burocráticos diseñados por Stalin para las ciudades de la URSS (se pedía independencia académica, pero nadie estuvo a la altura ni siquiera para velar por una propuesta arquitectónica llamativa y de vanguardia, pese a que el dinero, como luego se demostró con los sobrecostes, no era el problema). Y cómo no hablar de aquellos primeros listados, con las 8 o 10 nuevas titulaciones que se iban a implantar en Mieres (Montes, Hidrología, Geodesia y Cartografía? hasta Arquitectura).
Hoy, sin embargo, la situación no puede ser más desilusionante. Como responsable del SOMA-FIA-UGT, de una organización sindical que ya en los años 20, a través de su primer secretario general, soñó una gran Universidad Popular de las Comarcas Mineras que diera luz al futuro de Asturias y de sus familias trabajadoras, no puedo permanecer callado ante lo que sin duda es uno de los boicots más sangrantes cometidos contra uno de los proyectos, reitero, más importantes de los acordados por el Gobierno de España y las organizaciones sindicales mineras.
No es de recibo que, 11 años después, aún estemos esperando por nuevas titulaciones para el campus de Mieres. Bolonia ya no es una excusa, sino todo lo contrario, un acicate a dar respuestas.
No es justificable que se hayan reservado más de 7 millones de euros para la creación de una fundación o instituto de la Energía, los Recursos Naturales, el Agua y la Tierra, cuyo desarrollo correspondía al período 2001-05 y este dinero aún éste esperando. Máxime cuando hablamos de dar contenido a un campus a medio gas, cuando su actividad contribuiría a crear empleo en tiempos de crisis. Cuando se ajusta como anillo al dedo con la especialización del complejo universitario y con los recursos y necesidades de puesta en valor que tiene Asturias. Y cuando sin embargo, por otro lado, se apoya sin reservas un proyecto de características similares en Gijón, relacionado con la energía, el medio ambiente y el cambio climático que ya cuenta incluso con un plan específico de investigación, como es el estudio de las fuerzas y el aprovechamiento del oleaje marino. Una iniciativa, la gijonesa, nacida muchos años más tarde que la pensada para el campus de Barredo, pero que sí disfrutó de una mayor agilidad administrativa.
No es comprensible que se haya acordado el traslado a Mieres de la titulación superior de Minas y que ésta, precisamente cuando Bolonia y las estrecheces presupuestarias obligan a aplicar criterios de racionalidad, con la unificación de los estudios, todavía siga funcionando como órgano autónomo, de la titulación técnica, con más alumnos y mejores medios, todo por falta de voluntad y valentía política.
No es presentable que el área deportiva del campus, concluida hace ya más de un año, tan esperada para dotar de servicios y atractivos a los alumnos y alumnas de la Universidad de Oviedo en Mieres, aún permanezca cerrada haciendo inútil una inversión de más de 5 millones de euros, en medio de una polémica incomprensible e injustificable para los ciudadanos, que asisten atónitos e impotentes (pues su uso, reitero, es necesario) a un tira y afloja entre el rectorado y la Consejería de Educación y Ciencia del Principado, supuestamente por la ausencia de transferencias económicas para su mantenimiento.
Y no es justo, ni mucho menos ético, que ahora que la Universidad de Oviedo opta a un Plan de Excelencia Internacional, el papel del campus de Mieres pase totalmente desapercibido, minimizando su potencial, cuando, curiosamente, es el que más y mejor se adapta a los requisitos de la convocatoria. Lo único que ha trascendido para Barredo de este programa hacia el sello de calidad y distinción para la Universidad asturiana (hacia la que por cierto, el SOMA-FIA-UGT da su apoyo inequívoco) es un apartado mínimo para mejorar la comunicación interna, «en la búsqueda de un mayor ahorro energético, mediante la climatización completa basada en la energía geotérmica», un campo importante, en el que, todo hay que decirlo, está trabajando mucho la empresa estatal minera Hunosa.
Créanme que me gustaría ser más positivo sobre la situación del campus de Mieres, aquel proyecto que tanta ilusión nos despertó. Pero aunque quiera ver luces, algunas extraordinarias, por su proyección internacional, como el Centro de Soft Computing, o por su entusiasmo y dedicación, como la que aportan en forma de trabajo y compromiso muchos profesores y equipos de investigación que trabajan en Barredo, la realidad es tozuda y nos muestra que existe un claro freno a los sueños, anhelos y posibilidades con las que cuenta este campus.
Por eso, como máximo dirigente de la organización que más ahínco puso en este proyecto, no puedo más que insistir en la responsabilidad que el actual rector de la Universidad de Oviedo, Vicente Gotor, tiene con los muchos debes que presenta el campus de Mieres, una situación de apatía y falta de compromiso con el proyecto original, ante la que el SOMA-FIA-UGT ni puede ni va a estar impasible.
Como ya hemos advertido y reiterado en muchas ocasiones, especialmente en los actos de homenaje a la figura de Manuel Llaneza, estamos muy preocupados por la situación de menosprecio, minusvaloración y bloqueo que sufre este proyecto. Ante ello, considero que la sociedad civil de Mieres, de las comarcas mineras y de Asturias, tiene mucho que decir, tomando conciencia de que el éxito de esta actuación, en un momento de extrema sensibilidad económica, no es un tema que concierne única o exclusivamente a nuestra organización o a los sindicatos mineros.
Con el campus de Mieres no podemos defraudarnos, ni a nuestra historia y ni a nosotros mismos.

24 diciembre, 2009

FELICES FIESTAS Y AÑO 2010

A todos, a los amigos, a los conocidos y en especial a la familia minera Felices Fiestas y un Próspero Año 2010.